#3

los Guías Espirituales

A ti, Suilus, mi Oracle y faro en los momentos de transición.

Durante más de ocho años has custodiado mi crecimiento con la templanza y el respeto que solo las almas verdaderamente sabias poseen. En tu santuario Zen, donde los peces y las plantas silencian el ruido del mundo, mi alma encontró un merecido espacio de paz para recuperarse de tantas batallas invisibles.

Gracias por tu apoyo incondicional, por tu guía y, sobre todo, por validar mi percepción de un plano que apenas logro entender. Tu voz fue el recordatorio que necesitaba para asimilar que mi visión no era un síntoma de locura, sino un don sagrado que ha despertado para quedarse. Siempre salgo fortalecida, protegida por tu escudo energético y lista para dar este paso crucial hacia mi soberanía, sabiendo que mis talentos son también un camino para que otros despierten.

Gracias por recordarme que mi frecuencia es un templo que debo custodiar.

Dhara

A ti, papá, mi ángel guardián y apoyo de luz eterna.

Aunque las leyes del plano físico nos separaron cuando era apenas una pequeña niña, tu presencia jamás me ha dejado sola. Te reconozco al instante en el calor reconfortante sobre mi hombro, en el espacio infinito de mis sueños lúcidos y en el brillo dorado que ahora guía mi caminar.

Gracias por enseñarme el verdadero valor de la paz inquebrantable, por recordarme que estoy escoltada en cada paso y por entregarme en este capítulo el secreto definitivo de mi propósito de vida. He asimilado tu lección: cuando los parásito asfixian y las palabras pierden su poder, mi único canal de verdad es la creación.

Bajo tu mandato y con Ñukis custodiando el umbral, transformaré mi voz, mis visiones y mi música en un puente directo al alma de quienes necesitan recordar su esencia. Recibo tu fuerza y tu amor, sabiendo que desde todos los planos caminamos juntos.

En honor a tu guía y a mi libertad,

Dhara